Capítulo 3

Así es, hemos llegado al capítulo 3. Y ya vamos dislumbrando más cosas acerca de estos peculiares personajes. Espero que este capítulo sea del agrado de aquellos que nos den la oportunidad de leernos. Esperemos, con la ayuda de la reina musa(raña) entregar otro capítulo antes de que estas cortas vacaciones lleguen a su fin.

3
Dance to the music
(Primera parte)

Al llegar a este punto, Gil detuvo la narración.
“Tienes el ritmo, chico”, interrumpió una voz ronca. El autor había sido una mujer que se hallaba en un rincón de la celda. Un sombrero viejo le cubría el rostro. Antes que el joven pudiera preguntar una voz desde afuera de la celda interrumpió.
“¿Gil?, ¿estás aquí?”
“¿Saldaña?”
El rostro delgado y joven de un policía asomó por entre los barrotes.
“¿Qué haces aquí? Por qué te trajeron?”
“Es un malentendido”
“¡Y que malentendido!, interrumpió uno de los húespedes de aquel lugar quien no podía ocultar el ligero tufo a alcohol que impregnaba su persona. “Estaba bailando en la calle...”
“¿Bailando?”
“... por la chica que le gusta”
“¿Chica? ¿Cúal chica?”
“Su chica especial. Le elegida”
Gil había terminado por desesperarse ante las continuas interrupciones . “¿Puedo?”
El joven oficial no entendía ni una pizca de lo que se decía frente a él.
“¿Baile?, ¿chica?, ¿la elegida? ¿qué hiciste?”
“Es una larga historia, ¿sí? Y te la contaré despúes que esté fuera. ¿Cómo supiste que estaba aquí?”
“Es mi guardia, y reviso la lista de los detenidos”.
“¿Puedes sacarme?”
“Paga la multa”
Hubo un silencio en el que Gil dirigió una mirada de mal disimulado reproche a su amigo.
“Hablaré con el comandante”
Apenas el oficial Saldaña se hubo alejado, Gil regresó con la mujer que momentos antes había hecho el comentario referente al ritmo.
“¿Qué quisiste decir con eso del ritmo?”
La mujer levantó con parsimonia el viejo sombrero que le había caído sobre los ojos. Le miró brevemente y volvió a ocultarse.
“¿Cynthia...?”, pidió el amigo de celda de Gil
La mujer se incorporó en su lugar, y descubrió sus ojos.
“Es como te dije, chico: tienes el ritmo”
“¿El ritmo?, ¿a qué te refieres...?”
“El ritmo,... el amor. Este nos mueve, nos cambia. Nos transforma.”
En ese momento llegó Saldaña con la noticia de que el comandante no había accedido a su petición de soltar a Gil. Pero en ese momento este tenía su mente ocupada en otras cosas.
“Veo en tus ojos ese ritmo”. Gil no alcanzaba a entender lo que esa mujer, de edad avanzada y de color, trataba de decirle. “¿No es por eso por lo que estás aquí? No pudiste controlarte a tí mismo”.
“Pero...”
La mujer se volvió a incorporar en su lugar, mostrando signos de impaciencia y mirando fijamente al muchacho.
“No es tan difícil de entender, chico”. Un canto claro y fuerte salió de la boca de aquella mujer.

Get up and dance to the music!
Get on up and dance to the music!


Un pandero se empezó a escuchar mientras que un par de los acompañantes de la llamada Cynthia, quienes también eran de color, empezaban a emitir sonidos presionando sus labios entre sí. Un par de guitarras se escucharon.

Dance to the Music, Dance to the Music, Dance to the Music, Dance to the Music.
All we need is a drummer for people who only need a beat


En ese momento el tambor de una batería se escuchó tan claro como se habían escuchado hasta el momento los demás instrumentos.

I'm gonna add a little guitar
and make it easy to move your feet


Gil vió que sus compañeros de situación habían salido del letargo propio de cada uno de los vicios que los habían llevado hasta ahí y que ahora intentaban moverse de la mejor manera rítmicamente posible. ¿Acaso aquello era posible? Sí, sí lo era. Y modestia aparte, lo hacían muy bien. Tanto que Gil pensó que si no fuera por el lugar donde todos se encontraban, muy bien podrían vivir de su habilidad coreográfica. Por segunda vez en aquella noche, Gil sintió un curioso cosquilleo en sus pies que se extendía por todo su cuerpo, y que este amenazaba con empezar a moverse de peculiar manera.

I'm gonna add some bottom,
so that the dancers just won't hide


El aparentemente suave sonido de las olas alcanzando la orilla de alguna playa, no era más que el sonido del calzado de todos los huéspedes de la celda quienes siguiendo un coreográfico patrón surgido de la nada se movían acorde a él. Hacia atrás, hacia adelante, hacia la derecha, hacia la izquierda. Y entonces movían los hombros, para posteriormente girar 360° en su lugar pero sin despegar un pie. Pero no solo en el interior las cosas estaban adquiriendo un cariz curioso. Fuera de ella, el joven oficial Saldaña se había visto contagiado de tal manifestación, y sin perder detalle de cada uno de los pasos, también había optado por seguir la danza de la que aquellos infractores eran los autores.

You might like to hear my organ
playing 'Ride Sally Ride'
You might like to hear the horns blowin',
Cynthia on the throne, yeah!


Y por si no pareciera difícil de creer lo que estaba teniendo lugar, el sonido de una trompeta se encargó de echar por tierra tal afirmación. Para aquellos momentos el lugar no parecía más un área de detención sino un carnaval.

Cynthia & Jerry got a mesage they're sayin:
All the squares, go home!


Las manos permanecían en el lugar donde se suponía que debería ir la hebilla de algun cinturón imaginario, mientras todos avanzaban con decidida determinación coreográfica.

Listen to the voices!

Más sonidos labiales pero esta vez de más pares de labios que al principio.

Dance to the music,
Dance to the music,
Dance to the music,


Los brazos se agitaban en el aire al tiempo que varios pares de calzados, de heterogéneas características y calidades, se desplazaban de un lado a otro. Mientras varias cabezas junto con sus cuellos acaompañaban oscilantes los compases de la musica.

Dance to the music,
Dance to the music,...


Pero así como todo había empezado, terminó. Porque en ese momento el comandante apareció en el lugar y lo que sucedió a continuación no necesitó de mucha explicación.

“¿Qué demo...? ¡Saldaña!”
“¡Gil!”, exclamó una figura detrás del superior
“¡Tania!”
“¡La tira!”
El comandante se llevó consigo a Saldaña donde habría de castigarlo por su conducta. La chica se acercó hasta donde los barrotes se lo permitieron.
“¿Cómo sabías que estaba aquí?”
“Saldaña me avisó”
“¿A tí? ¿Por qué no le aviso a Domingo?”
Tania lo miró con una mezcla de incredulidad mal dismulada y burla.
“Mala pregunta”
“¿Cómo terminaste aquí? ¿qué sucedió? Se supone que saldrías a una cita y... ¿tuviste problemas? ¿ella...?
“No, no, no, nada de eso. Fue... perfecto. Ella es...”, miró por unos segundos a su amiga, entonces suspiró y recargó la cabeza en los barrotes. Tania lo miró con ternura.
“... perfecta”.
“Lo sé, amigo”
“Llevaba mallas”
El rostro de su amiga cambió inesperadamente, y una sombra de desaprobación apareció.
“Pervertido”
“¿Por qué me dicen pervertido? Primero el oficial que me trajó aquí y luego tú. Se supone que...”
La conversación ya no pudo continuar porque una sombra los cubrió. Era el amigo de celda de Gil.
“¿Quién es tu amiga, chico?”
“Ella es Tania, mi mejor amiga. Tania, él es...”
“... Pat. Puedes llamarme Pat, chica”
Tania reparó en ese momento en el curioso peinado del hombre. Su cabello se acomodaba en lo que parecía tener la forma de dos ¿picos? La chica tuvo la intención de saber más pero algo en la presencia del hombre la hizo desistir.
“Chico, ¿terminarás de platicar lo que sucedió?”
“Ah, seguro. Dame unos segundos”
“¿De qué habla?, ¿ qué tienes que terminar?”
“Cuando la conocí”
“¿En serio? Pero... ¿cómo?, ¿por qué?”
“Ellos preguntaron porque me habían traído aquí y... es una historia muy larga”
“Y tendrás suficiente tiempo para hacerlo. Mi madre mandará el dinero para lo de la multa pero a pimera hora de la mañana. No estaba muy contenta de que lo hubiera despertado con tan 'buena' noticia. De hecho quiere tener unas palabras contigo apenas salgas de aquí”
“¿Por qué le llamaste? No tenías que...”
“No tenía conmigo el dinero para sacarte de aquí. A mí me hace igual gracia como a tí pero no tenía otra opción. Y no salgas con que Dom pudo hacerlo porque ambos sabemos que eso no es cierto. Se olvidaría de tí por una semana gracias a su prodigiosa memoria. Así que 'calladito te ves más bonito'
Gil ya no dijo nada. Los argumentos de su amiga habían terminado por vencerlo.
“Ve el lado positivo”, le susurró Tania, “tienes tiempo para terminar de narrar tu historia a tus 'nuevos amigos'. Y estoy aquí para corregir cualquier omisión que pudieras tener”.
“¡Que conveniente!”
“Yo siempre”, respondió la chica con una gran sonrisa en el rostro.
“Chico...”
Gil se giró, dándole la espalda a su amiga. Se recargó en los barrotes y se aprestó a continuar su historia.
“Aquí es donde comienza la diversión”, sentenció la chica.
“Bien... ella entró y...”

Durante un momento, un largo momento, se hizo un silencio incómodo que podía cortarse con un cuchillo, o en su defecto con un sable laser como pensó Dom por unos instantes. La chica estaba visiblemente ¿avergonzada?. Quizá avergonzada no era la palabra si no más bien cohibida por lo que había visto y no alcanzaba a comprender. Gil sí estaba avergonzado de que lo hubieran encontrado en tan ¿penosa? situación. Hasta ese día nunca se había apenado por mostar sus aficiones y preferencias. Prueba de ello era que quienes les conocíain, a él y Dom, los tenían en el concepto de... 'faltos de madurez' por decirlo con elegantes palabras. Concepción que nunca les había importado pero ahora...
“Tengo un mal presentimiento acerca de esto”, pensó Gil
Y Dom... pasado el momento en que había pensado que preferiría un sable laser a un cuchillo para cortar aquel silencio incómodo, su estómago le recordaba que había necesidades más apremiantes. Durante todo este interludio pleno de incomodidad, el cliente había optado por retirarse de aquel lugar del que creía y estaba convencido, era atentido por un par de locos. El silencio se hubiera eternizado de no ser por el grito que le rompió que vino acompañado por el ruido de la puerta que se abría.
“¡¿Qué están haciendo, par de tarados?!”
Una chica rolliza pero sin caer en niveles obscenos apareció. Les dirigió una mirada que lo decía todo. Caminó rápidamente y sin detenerse al pasar por donde estaba Gil le alcanzó a susurrar, “Arregla esto”. Al llegar a Dom, sin preocuparse por ser discreta lo tomó por la oreja y lo arrastró hasta la pequeña cocineta del negocio. Las puertas se cerraron tras ellos.
“¿Se puede saber que te pasa por la cabeza?”
“¿A qué te refieres?”
“Había dos clientes, y por sus juegos, ahora solo permanece uno. La cual creo que está en alguna especie de shock porque no muestra reacción alguna. Al menos no aparte del azoro que tiene dibujado en el rostro. Habíamos acordado no hacer más esos juegos”.
“No me arrepiento de quien soy, Tania”, dijo Dom con claro orgullo y elegancia.
“Eres un idiota”, y tomó un guante para tomar las cosas calientes que estaba cerca y golpeó con ella al joven. “Ahora me explico porque tu mentado gato japonés no ha llegado”.
Al decir esto el rostro de Dom se ensombreció como si se hubieran atrevido a faltarle el respeto a algo muy sagrado para él.
“No te atrevas, mujer”
“Mariko no te envió nada porque simplemente se dio cuenta que eres un tarado”
“Mujer, estás jugando con fuerzas más allá de tu ken”
“¿Ah, sí?”, entonces Tania tomó unos cuchillos que también estaban cerca, cuyo filo era prácticamente inexistente, y se colocó tres de ellos entre los dedos de su mano derecha.
“Alégrame el día”
“Cierren los ojos caballeros. Esto va a doler”, y él tomó la pala con la que se servían para sacar la panadería del horno.
En eso se abrieron por segunda vez las puertas de la cocineta y apareció en el umbral Gil que venía sonriendo de peculiar manera... alegre. Se dirigió hacia al par de jóvenes, y les echó el brazo a cada uno al tiempo que los acercaba para sí.
“Señor Spock,...”, refiriéndose a la chica. “... Doctor McCoy, fijen curso”
El par de jóvenes lo veían sin comprender lo que estaba sucediendo. Tania se atrevió a romper la duda.
“¿Curso? ¿de qué hablas?”
“La segunda estrella a la derecha... y directo hasta el amanecer”
Tania y Dom se miraron sin entender por segunda vez que estaba sucediendo.
“¿No es una línea de Peter Pan?”
“No. Creo que es de 'Viaje a las Estrellas VI: La tierra desconocida'”
Gil los soltó y apoyó las manos en la vieja mesa frente a él, donde preparaban la mayoría de los alimentos que se servían en aquel lugar. Permaneció con la mirada perdida, y sin decir palabra alguna.
“¿Gil...?”, mientras una mano femenina se posaba en su hombro.
“Estoy bien, Tania...”, mientras sostenía con su otra mano la de su amiga, no permitiéndo que la retirara de aquel lugar. Miró a su amigos y sin prisa, lentamente dijo las palabras que cambiarían la dinámica que hasta entonces los había acompañado durante ese tiempo.
“Estoy bien. Como nunca me había sentido en años”.

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

Capítulo 2

La reina musa(raña) anda tremenda estos días, y he podido lograr el capítulo 2 de esta nueva idea. Espero que les guste y esta vez, si la tecnología lo permite, puedan "postear" sus comentarios. Los cuales, ya saben, pueden ser buenos, malos o como gusten. Se acepta todo tipo de críticas. Asimismo, les pido una disculpa por la referencia a la historieta que se hace en este capítulo. Estoy verificando el dato de numeración correcto. Gracias.

2
Take my breath away


El reloj indicaba la hora del almuerzo, esa pequeña ingesta de comida que hacía posible el llegar al final del día con lo justo necesario para llegar al hogar y descansar para iniciar nuevamente al día siguiente. El lugar se encontraba a su máxima capacidad y en la larga cola que se hacía frente al mostrador se dibujaban uno tras otros multitud de trajes en colores sobrios que no hacían más que destacar el carácter laboral de todos los presentes. Pero si la formalidad de la vestimenta mandaba el mensaje correcto no sucedía lo mismo con quienes los portaban. Un incesante cuchicheo lleno de carcajadas, risas, chismes o comentarios deportivos aderezados con una que otra palabra de no muy procedencia llenaban el lugar. Sin embargo todo aquella alahraca burocrática no era suficiente para mantener la impaciencia de misma índole con un perfil bajo. Impaciencia que era más manifiesta en los rostros de quienes se encontraban cerca de la caja registradora.
Gil miró detrás de sí, por séptima vez el reloj sobre el estante. Los brazos de la figura de Spider-Man que acompañaban el mecanismo le recordaron que Domingo estaba retrasado. Aunque retrasado no era la palabra correcta sino RETRASADO. ¿Qué podía haber detenido a su amigo de llegar a tiempo a su trabajo? Aunque le conocía de un par de años atrás, tiempo que retrocedía a sus años universitarios, Gil no había terminado por acostumbrarse a las excentridades de su amigo. Su mejor amigo. Juntos había emprendido aquel pequeño negocio, aunque el apoyo de Domingo se había visto reducido a un rol meritoriamente moral que financiero o material. Habían logrado afianzar una buena reputación en aquellas ubicación y a los primeros e inciertos inicios las cosas se habían encauzado. El pequeño café les permitía una vida sencilla y que satisfacía cabalmente y de buena manera las aficiones que habían terminado por afianzar su amistad.
Por las paredes del lugar se veían carteles que retrataban figuras en poses heroicas o anatómicamente imposibles para un hombre normal. Héroes, superhéroes, mutantes, vigilantes, villanos, y cualquier criatura proveniente del imaginario fantástico de alguien tenía cabida en aquellos muros. Pero no solo aquellas áreas compartían el gusto de aquellos individuos. En cualquier espacio disponible donde se pudiera situar una repisa se encontraban infinidad de figuras de acción, estatuas, bustos. Algunas aun permanecían en sus empaques mientras otras eran testigos de tiempos mejores. Sobra decir que aquellos objetos habían provocado mas de dos tres discusiones con clientes que habían querido pasarse de listos. La parte detrás del mostrador no se quedaba atrás, y también era motivo de orgullo de aquel par: provenientes de la adaptación cinematográfica de de la historia de la lucha por el anillo único destacaban una espada y un báculo. A este singular par se sumaba un aparente sable laser, y era aparente porque mientras su empuñadura era totalmente real, el haz era de fibra de vidrio. No más letal que una almohada pero que hermosamente iluminaba su alrededor con su luz azul. Tan peculiar armería se hallaba rodeada por más bustos y figuras. La joya de la corona de aquel lugar estaba en lo alto de aquellos estantes: un brillante escudo roji-azul con una estrella blanca en su centro. Tan bien ubicado se encontraba que era lo primero en que se fijaba la vista apenas cruzaba alguien la puerta.
Gil miró por octava vez la hora. Apenas se volvió se encontró con el rostro impasible de una clienta. La queja surgió automáticamente de sus labios: “He esperado por veinte minutos a que me tomen mi orden”. Gil se disculpó de la manera más diplomática que pudo encontrar pero en el fondo sabía que era en vano. Si había un momento ideal para que Domingo hiciera su triunfal aparición ahora era el momento. Apenas había pensado en ella, el susodicho entró por el frente. Se abrió paso entre la muchedumbre y alcanzó la barra. No manifestaba ningún ápice de tener prisa o siquiera arrepentimiento por tan descarado retraso. Domingo no se dejaba llevar por lo que consideraba las bajas pasiones del mundo moderno. Tranquilamente tomó lugar cerca de la caja registradora, recargándose. “Espera a ver lo que conseguí”, pronunció como si todo el tiempo del mundo estuviera de su lado.
Gil levantó el dedo en señal de que aguardara un momento. Otro cliente había alcanzado su turno. “Realmente no es tan difícil. Lo único que tienes que hacer es servir café y preparar bocadillos”. Una frustración mal disimulada se dibujó en el rostro del joven propietario. Pasó por alto el comentario e intentó proseguir con el pedido pero su interlocutor no parecía dispuesto a dar el tema por sentado. “¿Acaso te parece un trabajo difícil? Porque a mí no”.
“Iron-Man #XX. El número en que Tony Stark descubre que tiene un problema con el alcohol. ¡Uy, un clasico! En perfectas condiciones”.
Gil lanzó una mirada a su amigo pero este no se dio por enterado.
“¿Cúanto tiempo ha pasado, Gil? ¿Tres... cinco... seis años? Y no puedo creer que aun sigas con lo mismo. ¿Acaso no te cansas de lo mismo? ¿de fracasar? Ve este lugar. Es la fantasía de alguien que se aferra al pasado”.
“Y sin embargo aquí estás”.
“Los pocos tenemos que ayudar a los demás a vivir”. Aventó unas monedas al frasco de las propinas. “Ten. Quizá te alcance para comprar una más para tu colección”. Dicho esto, el sujeto tomó su comprobante y se retiró a su lugar a esperar por su orden.
Gil no dijo nada. Cierta mortificación se dibujaba en su rostro. Decidió guardar silencio al tiempo que bajaba su mirada y proseguía con su trabajo. Domingo incapaz de saber como actuar o qué decir observaba a su amigo con profunda impotencia; mientras sostenía la revista entres sus manos.
“A mí me gustó la película”, pronunció una voz suave.
Gil levantó la vista y no palabra surgió de sus labios.

Watching every motion in my foolish lover's game. On this endless ocean finally lovers know no shame. Turning and returning to some secret place inside.

El ultimo cliente de la fila, que resultó ser ella, había sido la autora de aquella frase. Pero para el joven no le era una cliente como todas las que había atendido aquella mañana o incluso, todo el tiempo que tenía al frente de aquel lugar. Un hermoso par de ojos color miel lo observaba fijamente pero sin ser groseros, mientras un elegante par de finos de labios se entreabrían diciendo algo.
“A mí me gustó la película” volvió a pronunciar la chica pero esta vez señalando la revista que seguía en las manos de Domingo que cada vez atinaba menos a entender que era lo que estaba pasando aquella mañana. “¿Puedo?”, una mano que se adivinaba suave alcanzó la publicación. Sobre el mostrador la chica hojeó la revista. En determinado momento la chica hizo un pequeño movimiento con la cabeza, mientras echaba su cabello hacia atrás. Cabello de un castaño al que Gil no podía quitarle la vista de encima de cualquier movimiento que este hacía.

Watching in slow motion as you turn around and say...

Cuando la chica sonreía, su rostro se iluminaba de peculiar manera y sus ojos adquirían un cariz de igual índole. Si la sinceridad hubiera de plasmarse de manera alguna, seguramente sería como lo que estaba sucediendo en aquel momento. No había actuación alguna en su comportamiento. Su interés parecía genuino al igual que su goce.

Take my breath away. Take my breath away.

Disfrutaba el momento, y por alguna extraña razón eso hacía que el joven treintañero Gil no pudiera dejar de mirarla. No era la curiosa fascinación que aquel grupo de páginas peculiarmente trazadas y dibujadas había le había causado sino que sentía una extraña sensación, una especie de revoloteo en el estómago. ¿Amor a primera vista? O quizá algo del desayuno que le habría caído pesado a un estómago tan exigente como el suyo.
“Debo leerlo algún día”, dijo la chica dando por terminado el momento. Gil le entregó el cambio de su pago junto con su comprobante. Ella regresó donde se encontraban sus amigas. El joven no había podido quitar sus ojos de ella durante todo el momento, y cuando ella se retiró no fue la excepción. Domingo tampoco había roto el extraño mutismo en el que había caído. Miró a su amigo, quien tenía continuaba con la mirada extraviada, y terminó por refugiarse en la pequeña cocina del lugar. De todos modos alguien debía sacar todos los pedidos pendientes.

Watching I keep waiting
. Still anticipating love
. Never hesitating
. To become the fated ones
. Turning and returning
. To some secret place to hide
.
Watching in slow motion
. As you turn to me and say...


Gil se recargó en el mostrador y buscó no perder detalle de ninguna de las acciones de ella. Se recreó no una, ni dos sino muchas veces en cada uno de sus gestos como si buscara grabarlos en su mente para posteriormente reproducirlos.

Take my breath away


Se disculpó un momento y se retiró de la mesa pero uno de sus acompañentes indicó el reloj y de manera repentina tomaron sus cosas y salieron del lugar. Cuando ella regresó la última de sus compañeras salía del local. Apenas tomó sus pertenencias y ella también salió. Al hacerlo, corrió de una manera excesivamente femenina que hizo brincar el corazón de Gil.

Through the hourglass I saw you
. In time you slipped away
. When the mirror crashed I called you
. And turned to hear you say
. If only for today
. I am unafraid


Aunque él mismo desconocía la razón por la que había reaccionado así. No había pasado completamente la ventana de tamaño promedio que adornaba el frente del negocio cuando retrocedió un par de pasos y volteó a ver a Gil. Los dedos de su mano se agitaron en un gesto de despedida. Aquél como un autómata respondió el detalle.

Take my breath away

Lo último que vio fue su cabello ondular al aire.


Gil no había hablado mucho desde que aquella chica se había ido. La gran asistencia burocrática había terminado por retirarse y el lugar se hallaba desierto. Ambos chicos se encontraban con sendas escobas tratando de darle un poco de orden a aquel lugar despues del paso del huracán. Aquella escasez de palabras estaba desesperando a Domingo que no resistió más y decidió romper esa especie de voto de silencio autoimpuesto.
“¿Estás bien, amigo? No has dicho palabra alguna desde que aquella chica abandonó este lugar”.
“Lo sé. Y es extraño, ¿no es así?”
“No. De hecho nos gusta lo extraño. Convivimos con ello. Simplemente ve este lugar. Lo extraño es lo nuestro”.
Gil esbozó una sonrisa.
“No quiero verte así. Eres mi mejor amigo pero no quiero volver a verte pasar por lo mismo. El recordar verte ahí parado cuando... Disculpa, lo siento”.
“No te preocupes. Ha pasado tiempo desde que ella decidió abandonar el altar”
Domingo puso una mano en el hombro de su amigo.
“¿Esta chica...?”
“No sé pero ¿alguna vez has tenido el presentimiento de que encontrarte solo y de repente alguien aparece frente a tí y algo surge?”
“¿Algo así como el 'big bang'?”
“Sí”
“Amigo, creo que has leído demasiados comics y pasado demasiado tiempo con videojuegos”
Gil dio un empujón a su amigo, al tiempo que ambos reían.Pasado el momento hubo un momento de silencio.
“¿Cámara lenta?”
“Cada gesto”.
“¿Sabes?, creo que el recurso de la cámara lenta en este tipo de situaciones está sobresaturado. Creo que lo realmente se necesita es 'tiempo bala'.
“¿Tiempo bala?”
“Sí. Tu sabes, como en Matrix”
“Matrix... muy buena. Me quedo con la primera”.
“Punto. Las otras dos son únicamente un collage de escenas geniales”
“Así que 'tiempo bala', eh?
“Sí. 'Tiempo bala'”
Hubo otro momento de silencio que se vio roto cuando Domingo tomó la vajilla de una mesa cercana e imitó el movimiento al que se había referido. Gil continuó el juego e imitó que esquivaba los proyectiles imaginarios que su amigo le mandaba. El juego se prolongó por unos segundos. Pocos, aparentemente pero justo los necesarios para que un cliente entrara al lugar mientras ellos estaban distraidos. El recién llegado los miraba extrañado como si necesitara más del tiempo necesario el poder procesar a dos adultos jóvenes jugando como adolescentes. La vergüenza asomó a los rostros de los amigos quienes se disculparon balbuceantes. En eso Gil reparó en algo que se encontraba detrás de este nuevo cliente. Era otra figura, indudablemente humana... y femenina. La luz le alcanzó y ahí frente a él se encontraba la misma chica de hace apenas una horas. La misma que le había compartido su interés por aquella vieja revista.
“Mi amiga dejó su chaqueta y... No quise interrumpir”, mientras un ligero rubor comenzaba a incrementarse, a la vez que una risa nerviosa asomaba a sus labios.
Gil deseó que en ese momento una horda de orcos o quizá de alienígenas provenientes de algun otro mundo se presentará y terminará con la terrible vergüenza que sentía en aquel momento. Pero no, nada de ello pasó. Y pensó que eso nunca le pasaba a Superman a pesar del hecho de que siempre usaba los calzoncillos encima de la ropa. Lamentablemente, él no era Superman.

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

Chicas vs. Geeks

Pues bien, la madre musa(raña) ha sido benévola con este aspirante a escritor de comics y me ha permitido terminar en un tiempo record (para mis estándares) este primer capítulo de este nuevo comic. Espero que les agrade, y no olviden visitar mi otro comic. Bueno sin más preámbulos el primer capítulo de Chicas vs. Geeks.

1
Night Fever


“Gracias”
La puerta se cerró tras de sí. Durante unos segundos Gil permaneció en el lugar.
“Solo se puede hacer una cosa después de una noche como esta...” -murmuró para sí cuando apenas se había alejado un par de pasos-, “... caminar”.
Presionó el pequeño control que venía con su playera. Los primeros acordes surgieron de la pequeña bocina insertada en la prenda a la altura del pecho.

Listen to the ground/ there is movement all around/ There is something goin' down and I can feel it.

Gil comenzó a caminar de peculiar manera. Sus pasos en un abrir y cerrar de ojos empezaron a seguir el ritmo de la música. Primero uno, después el otro. Su calzado parecía tener vida propia y querer disfrutar del momento. Durante un instante le asaltó el pensamiento de que pudiera estar importunando a los vecinos de aquel rumbo pero así como llegó, así se fue. Los pocos transeúntes que se cruzaban en su camino no podía verle con una mezcla de divertimento, curiosidad y extrañeza. Y ni que decir de los conductores, quienes eran los más abundantes a esa hora de la noche. El semáforo se puso en verde interrumpiendo su avance pero justo en ese momento se descubrió bailando en lo esperaba que la luz le diera el paso. No sentía pena alguna, o vergüenza alguna. De hecho no sentía nada que no fuera una enorme excitación. La luz se puso en rojo y exactamente en ese momento Gil dio un giro en su lugar. Las luces de los vehículos le iluminaron mientras cruzaba las barras amarillas. Parecía una especie de estrella sobre el escenario bañada por los reflectores mientras por y de las ventanillas de los autos se asomaban los rostros de conductores y ocupantes que no daban crédito a lo que se mostraba ante sus ojos.

Here I am, prayin for this moment to last, livin' on the music so fine. Borne on the wind, makin' it mine.

Night fever, night fever. We know how to do it. Gimme that night fever, night fever. We know how to show it.


Gil continuó su camino ejecutando lo que no podía más que describirse como un colorido baile. En la tranquilidad parcial de aquel rumbo la pequeña bocina sonaba como si se tratara de muchas de ellas. Muchas de las cortinas se corrieron, así como ventanas se abrieron y al igual que con la situación de los automóviles, de ellas asomaron varios rostros que se encontraron con el pintoresco espectáculo de un hombre en sus treinta bailando como si de un adolescente se tratara. Y la verdad era que no lo hacía mal para tratarse de alguien que en su vida había conseguido hilar más de dos pasos sin sufrir una seria torcedura además de caer en el más absoluto de los ridículos. La única vez que había intentado establecer una relación con el baile había resbalado frente a toda la escuela preparatoria quedando tirado en la pista de baile improvisada. Pero ahora era diferente. Era como si sus pies supieran del buen humor que se encontraba y quisieran ser partícipes de ello. Así como darlo a conocer al mundo.
Pasado el primer azoro, se sumaron las primeras inquietudes sobre la conducta de tan curioso personaje. Y con ellas las primeras apuestas sobre la cantidad de alcohol u otras drogas de origen no legal que pudieran correr por su sangre. Suspicacias que tan rápidamente como habían surgido, habían sido desechadas con el argumento de que simplemente se trataba de una manifestación espontánea de felicidad. Pero la felicidad no tenía nada que ver para las otras voces que clamaban por la seguridad e integridad de su joven y femenina descendencia. Descendencia que vale la pena decir no estaba de acuerdo con lo expresado por sus progenitores y abarrotaba todo resquicio que les permitiera tener un vistazo de poco común bailarín. Las que más habían decidido pasar por alto los consejos, y según las propias convicciones de la arquitectura de sus viviendas, salían a los balcones con tal de tener mejor visión.

And that sweet city woman, she moves through the light, controlling my mind and my soul. When you reach out for me, Yeah and the feelin' is bright.

El colmo de aquella locura cuando las mujeres no suficientemente jóvenes pero convenientemente no viejas, se lamentaron el no poder estar cronológicamente a la altura del autor de tal demostración nocturna. Durante este tiempo el joven bailarín se había mantenido en la banqueta pero de repente y sin previo aviso tomó el centro de la calle. Sí, así es, los carriles de circulación.

Then I get night fever, night fever. We know how to do it. Gimme that night fever, night fever. We know how to show it.

Como si de una marioneta se tratara Gil comenzó a moverse con más cadencia y ritmo de la que había demostrado hasta el momento. Ejecutó una serie de pasos moviendo sus piernas a derecha y izquierda, al tiempo que sus brazos se levantaban una y otra vez. Sus pies iban, venían y se perdían en rápidos pasos. Sus manos se unían en una serie de aplausos sin otro propósito que un acompañamiento rítmico. Al igual que momentos antes prontamente se descubrió cantando para todas y cada uno de los espectadores que, sin recato o precaución alguna, llenaban los balcones como si de plateas se trataron.

Y ese fue el acabose. Varias palmas se unieron también acompañándolo en su ejecución sin preocuparse de si su indumentaria nocturna daba más espectáculo del que estaban presenciando.

Night fever, night fever. We know how to do it. Gimme that night fever, night fever. We know how to show it.

Night fever, night fever. We know how to do it. Gimme that night fever, night fever. We know how to show it.


Pero a Gil nada de eso le importaba. Para él no había nada allá afuera. Excepto él y... ¿la policía?. Al parecer no todos habían sido tan comprensivos con el improvisado bailarín y tomaron cartas en el asunto. Entre los celos de uno que otro marido o padre cascarrabias, y el inevitable tedio de las actividades dominicales la célebre ejecución de Gil había llegado a un abrupto fin. La luz de la torreta lo cegó por un instante pero no pudo pensar mucho en ello porque se vio interrumpido por la gruesa e impertinente voz del oficial a cargo.
“¿Se puede saber qué está haciendo, joven?”
“¿Caminar?”
“Eso no era caminar. Usted estaba bailando”
“Bueno... sí... pero... estoy de muy humor. Estoy contento...”
“Ah, así que muy 'feliz'”
“Sí... pero no ese tipo de felicidad que usted se imagina”
“Yo me imagino mucho, joven. Identificación”
“Verá...”
“¿Bebió alcohol? Porque huelo alcohol”
“Sí pero fue únicamente durante la cena. Fui comida italiana y no puedes tomar otra cosa que no sea vino y...”
“Pudo ordenar agua”.
Gil lo miró con incredulidad.
“He comido italiana. Ahora, las manos en el vehículo”.
Gil levantó las manos en un gesto de sorpresa.
“Pero...”
“No identificación. Ingestión de bebidas alcohólicas y quizá de algo más”.
“¡Hey!”
“Joven, estaba bailando en la vía pública”.
“Puedo explicar eso. Verá tuve una cita con la chica que me gusta. Y no cualquier cita, 'la primera cita'. ¿Ya puede entender por qué estoy de buen humor?”
“¿Qué edad tiene?”
“¿Yo?... treinta años.
“¿Y eso que trae puesto?”
“Esto... una playera con una bocina integrada. Genial, ¿no?”
“¿Tiene usted treinta años, usa una playera con una bocina cosida, y acaba de tener su primera cita?”
“Exactamente no la primera pero...”
“¡Suba a la camioneta!”
Apenas subió, Gil se vio esposado a un tubo central que atravesaba.
“Oficial, le aseguro que 'estoy en mis sentidos'. Es simplemente una dosis de buen humor por haber estado con la chica ideal. Oficial...”
Pero el oficial hizo caso omiso de las palabras. Resignado, Gil se recargó, como pudo, en la ventanilla que daba vista a la cabina, y tristemente murmuró para sus adentros.
“Llevaba mallas”
El oficial que sí le había alcanzado a escuchar replicó molesto
“Pervertido”.


La puerta de la celda se cerró con estruendo aunque no hubiera necesidad de aplicar una considerable cantidad de fuerza en ello. Era una puerta que gustaba del escándalo. Gil permaneció unos minutos de pie sin decidir a donde dirigirse. Apretó entre sus dedos el control de su playera y presto se dirigió a un lugar sin ocupar en una de las largas bancas junto al muro. Podía sentir las miradas de todos los inquilinos del lugar. Hubiera jurado que era su imaginación pero no, no lo era. Realmente todos los presentes habían puesto sus ojos en él desde el momento que entró a la celda. Apenas se había dejado caer en el espacio cuando fue interpelado por uno de aquellos hombres.
“¿Qué es eso, eh?”
Gil no contestó. O al menos eso quiso hacerle creer al hombre.
“Oh,... venía con la playera. Ya sabe... moda.
“Parece una bocina”.
“Bueno... sí, es una bocina. Ya no saben que inventar estos días”
“¿Y suena? Hazla sonar”.
La ¿conversación? Había terminado por atraer a varios de los presentes y ahora Gil como su interlocutor se hallaban rodeados.
“Anda, toca algo”, volvió a exigir el hombre.
Sin mucha decisión (y alternativa) Gil presionó uno de los botones del control y un sonido imitando la burla que hace una lengua entre los dientes brotó de la pequeña bocina. Los hombres estallaron en carcajadas. “¡Prrrttt!”, volvió a escucharse y el resultado fue el mismo. Otro botón fue oprimido y esta vez se escuchó el sonido de un timbre de desaprobación. Nuevamente se escuchó una carcajada multitudinaria. El hombre que había empezado todo aquello se había relajado y se mostraba sumamente interesado.
“Dime, ¿únicamente toca esos sonidos? O ¿puede tocar musica?”
Claro que podía. ¿O no era lo que le había metido en aquel lugar? Escogió con sumo cuidado la pieza que habría de elegir, y se inclinó por 'Für Elise', de Beethoven. La razón de la existencia de tan curiosa pieza en la playera con bocina integrada de un adulto joven de 30 años que acaba de tener su primera cita con la chica de sus sueños era que no había podido removerla del pequeño reproductor integrado. Y no es que no hubiera podido sino que le había postergando, y los días se habían acumulado dando como resultado que nunca llegara el día en que Elise abandonara la playera. La majestuosa pieza terminó por relajar el ambiente en la celda, y provocó que no pocos se les nublara la mirada. Y quizá uno terminó por derramar una lágrima.
El sujeto terminó por tomar lugar junto a Gil, y de una bolsa raída del interior de su vieja chamarra sacó una pequeña botella, la cual destapó y ofreció al joven su contenido. Este sin dudarlo rechazó tan 'generosa' oferta.
“Tengo el estómago revuelto”, replicó
El hombre pareció no ofenderse y pegó un sorbo grande a la botella. No había duda que se trataba de alcohol pero aquel sujeto parecía tener mucha resistencia.
“¿Sabes?, esa playera sería de mucha ayuda si quisieras salir con una 'chiquita. Podrías ponerle su canción favorita o todas las canciones que le gustaran. Tu mismo le puedes llevar serenata”.
“Sí”, replicó Gil con cierta tristeza reflejada en su rostro. “Por eso es que estoy aquí”
“¿Eh? No entiendo, compañero”
“Esta noche salí con la mujer perfecta. O al menos para mí lo es. Linda, graciosa, con gran sentido del humor. Físicamente... indescriptible. ¡Claro!, habrá quienes digan que exagero y que ella no es más mujer promedio que cualquier mujer promedio pero para mí, ella es una muñeca. Pero no cualquier muñeca, ¿sabes? Si no una de esas muñecas de porcelana que las abuelas suelen tener en la sala de su casa.
“Mi abuela tenía una de ellas”, exclamó un hombre entre la multitud al tiempo que se sorbía la nariz con la mano.
“Ella es un diez en toda la extensión del número. ¿Qué más podría pedir un sujeto como yo? Porque aceptémoslo, no soy la primera opción de cualquier mujer...”
“Eso sí”, confirmaron varios presentes mientras otros asentaban con la cabeza.
“... pero ella aun así salió conmigo”.
“Fue como cuando Peter Parker conoció a Mary Jane en Amazing Spider-Man #42. Admítelo Gil, te sacaste la lotería. Pero ni siquiera pude disfrutarlo porque me arrestaron por bailar en la vía pública pero no tenia nada de malo. ¿No es cierto? Estaba feliz. Ustedes lo hubieran hecho, ¿no es así?”
“Bueno... quizá no bailar pero sí echarnos un 'traguito' por ella”, respondió una voz. “¿No es así, muchachos?”. Varias voces y cabezas confirmaron la propuesta.
“Pero dime, ¿en verdad es tan especial esa chica?”
“¿Alguna vez has sentido que estás destinado a que se burlen de tus sentimientos, y que lo único que te queda es esperar a que llegue esa persona de la que también se han burlado y descubran juntos que son almas gemelas?”
“No es la primera vez que estamos aquí, chico. Hemos sentido muchas cosas”
“Bueno, pues así me sentía hasta la primera vez que la conocí. Es una historia larga pero sin mucho interés para los demás...”
“¡Hey, tenemos tiempo de sobra. Y estando aquí aprendes a desarrollar interés por aquello considerado insignificante. Además, quizá podamos ayudarte”
La incredulidad se dibujó en el rostro de Gil
“Seremos viciosos y quizá haya algunos pervertidos entre nosotros chico pero también tenemos corazón y hubo mujeres en nuestras vidas...”
“A mí me gustaba mi prima”, replicó uno de los hombres del fondo.
“... así que tenemos experiencia”.
“No se qué decir. Si quieren escuchar...”
Los hombres se sentaron en el suelo y guardaron silencio mirando expectantes al joven. Gil ante tan pintoresco auditorio se hallaba entre sorprendido e intimidado pero se sobrepuso a su reacción inicial y echando el brazo a su compañero de junto inició su relato.
“Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana...”

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

Próximamente

Ha sido un fin de semana de aparente poca creatividad pero cuando te llega la musa, te llega. Estén pendientes para un nuevo comic; aunque creo que el título del blog ya les debe dar una pista de por donde van los tiros. Saludos

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS