Capítulo 3

Así es, hemos llegado al capítulo 3. Y ya vamos dislumbrando más cosas acerca de estos peculiares personajes. Espero que este capítulo sea del agrado de aquellos que nos den la oportunidad de leernos. Esperemos, con la ayuda de la reina musa(raña) entregar otro capítulo antes de que estas cortas vacaciones lleguen a su fin.

3
Dance to the music
(Primera parte)

Al llegar a este punto, Gil detuvo la narración.
“Tienes el ritmo, chico”, interrumpió una voz ronca. El autor había sido una mujer que se hallaba en un rincón de la celda. Un sombrero viejo le cubría el rostro. Antes que el joven pudiera preguntar una voz desde afuera de la celda interrumpió.
“¿Gil?, ¿estás aquí?”
“¿Saldaña?”
El rostro delgado y joven de un policía asomó por entre los barrotes.
“¿Qué haces aquí? Por qué te trajeron?”
“Es un malentendido”
“¡Y que malentendido!, interrumpió uno de los húespedes de aquel lugar quien no podía ocultar el ligero tufo a alcohol que impregnaba su persona. “Estaba bailando en la calle...”
“¿Bailando?”
“... por la chica que le gusta”
“¿Chica? ¿Cúal chica?”
“Su chica especial. Le elegida”
Gil había terminado por desesperarse ante las continuas interrupciones . “¿Puedo?”
El joven oficial no entendía ni una pizca de lo que se decía frente a él.
“¿Baile?, ¿chica?, ¿la elegida? ¿qué hiciste?”
“Es una larga historia, ¿sí? Y te la contaré despúes que esté fuera. ¿Cómo supiste que estaba aquí?”
“Es mi guardia, y reviso la lista de los detenidos”.
“¿Puedes sacarme?”
“Paga la multa”
Hubo un silencio en el que Gil dirigió una mirada de mal disimulado reproche a su amigo.
“Hablaré con el comandante”
Apenas el oficial Saldaña se hubo alejado, Gil regresó con la mujer que momentos antes había hecho el comentario referente al ritmo.
“¿Qué quisiste decir con eso del ritmo?”
La mujer levantó con parsimonia el viejo sombrero que le había caído sobre los ojos. Le miró brevemente y volvió a ocultarse.
“¿Cynthia...?”, pidió el amigo de celda de Gil
La mujer se incorporó en su lugar, y descubrió sus ojos.
“Es como te dije, chico: tienes el ritmo”
“¿El ritmo?, ¿a qué te refieres...?”
“El ritmo,... el amor. Este nos mueve, nos cambia. Nos transforma.”
En ese momento llegó Saldaña con la noticia de que el comandante no había accedido a su petición de soltar a Gil. Pero en ese momento este tenía su mente ocupada en otras cosas.
“Veo en tus ojos ese ritmo”. Gil no alcanzaba a entender lo que esa mujer, de edad avanzada y de color, trataba de decirle. “¿No es por eso por lo que estás aquí? No pudiste controlarte a tí mismo”.
“Pero...”
La mujer se volvió a incorporar en su lugar, mostrando signos de impaciencia y mirando fijamente al muchacho.
“No es tan difícil de entender, chico”. Un canto claro y fuerte salió de la boca de aquella mujer.

Get up and dance to the music!
Get on up and dance to the music!


Un pandero se empezó a escuchar mientras que un par de los acompañantes de la llamada Cynthia, quienes también eran de color, empezaban a emitir sonidos presionando sus labios entre sí. Un par de guitarras se escucharon.

Dance to the Music, Dance to the Music, Dance to the Music, Dance to the Music.
All we need is a drummer for people who only need a beat


En ese momento el tambor de una batería se escuchó tan claro como se habían escuchado hasta el momento los demás instrumentos.

I'm gonna add a little guitar
and make it easy to move your feet


Gil vió que sus compañeros de situación habían salido del letargo propio de cada uno de los vicios que los habían llevado hasta ahí y que ahora intentaban moverse de la mejor manera rítmicamente posible. ¿Acaso aquello era posible? Sí, sí lo era. Y modestia aparte, lo hacían muy bien. Tanto que Gil pensó que si no fuera por el lugar donde todos se encontraban, muy bien podrían vivir de su habilidad coreográfica. Por segunda vez en aquella noche, Gil sintió un curioso cosquilleo en sus pies que se extendía por todo su cuerpo, y que este amenazaba con empezar a moverse de peculiar manera.

I'm gonna add some bottom,
so that the dancers just won't hide


El aparentemente suave sonido de las olas alcanzando la orilla de alguna playa, no era más que el sonido del calzado de todos los huéspedes de la celda quienes siguiendo un coreográfico patrón surgido de la nada se movían acorde a él. Hacia atrás, hacia adelante, hacia la derecha, hacia la izquierda. Y entonces movían los hombros, para posteriormente girar 360° en su lugar pero sin despegar un pie. Pero no solo en el interior las cosas estaban adquiriendo un cariz curioso. Fuera de ella, el joven oficial Saldaña se había visto contagiado de tal manifestación, y sin perder detalle de cada uno de los pasos, también había optado por seguir la danza de la que aquellos infractores eran los autores.

You might like to hear my organ
playing 'Ride Sally Ride'
You might like to hear the horns blowin',
Cynthia on the throne, yeah!


Y por si no pareciera difícil de creer lo que estaba teniendo lugar, el sonido de una trompeta se encargó de echar por tierra tal afirmación. Para aquellos momentos el lugar no parecía más un área de detención sino un carnaval.

Cynthia & Jerry got a mesage they're sayin:
All the squares, go home!


Las manos permanecían en el lugar donde se suponía que debería ir la hebilla de algun cinturón imaginario, mientras todos avanzaban con decidida determinación coreográfica.

Listen to the voices!

Más sonidos labiales pero esta vez de más pares de labios que al principio.

Dance to the music,
Dance to the music,
Dance to the music,


Los brazos se agitaban en el aire al tiempo que varios pares de calzados, de heterogéneas características y calidades, se desplazaban de un lado a otro. Mientras varias cabezas junto con sus cuellos acaompañaban oscilantes los compases de la musica.

Dance to the music,
Dance to the music,...


Pero así como todo había empezado, terminó. Porque en ese momento el comandante apareció en el lugar y lo que sucedió a continuación no necesitó de mucha explicación.

“¿Qué demo...? ¡Saldaña!”
“¡Gil!”, exclamó una figura detrás del superior
“¡Tania!”
“¡La tira!”
El comandante se llevó consigo a Saldaña donde habría de castigarlo por su conducta. La chica se acercó hasta donde los barrotes se lo permitieron.
“¿Cómo sabías que estaba aquí?”
“Saldaña me avisó”
“¿A tí? ¿Por qué no le aviso a Domingo?”
Tania lo miró con una mezcla de incredulidad mal dismulada y burla.
“Mala pregunta”
“¿Cómo terminaste aquí? ¿qué sucedió? Se supone que saldrías a una cita y... ¿tuviste problemas? ¿ella...?
“No, no, no, nada de eso. Fue... perfecto. Ella es...”, miró por unos segundos a su amiga, entonces suspiró y recargó la cabeza en los barrotes. Tania lo miró con ternura.
“... perfecta”.
“Lo sé, amigo”
“Llevaba mallas”
El rostro de su amiga cambió inesperadamente, y una sombra de desaprobación apareció.
“Pervertido”
“¿Por qué me dicen pervertido? Primero el oficial que me trajó aquí y luego tú. Se supone que...”
La conversación ya no pudo continuar porque una sombra los cubrió. Era el amigo de celda de Gil.
“¿Quién es tu amiga, chico?”
“Ella es Tania, mi mejor amiga. Tania, él es...”
“... Pat. Puedes llamarme Pat, chica”
Tania reparó en ese momento en el curioso peinado del hombre. Su cabello se acomodaba en lo que parecía tener la forma de dos ¿picos? La chica tuvo la intención de saber más pero algo en la presencia del hombre la hizo desistir.
“Chico, ¿terminarás de platicar lo que sucedió?”
“Ah, seguro. Dame unos segundos”
“¿De qué habla?, ¿ qué tienes que terminar?”
“Cuando la conocí”
“¿En serio? Pero... ¿cómo?, ¿por qué?”
“Ellos preguntaron porque me habían traído aquí y... es una historia muy larga”
“Y tendrás suficiente tiempo para hacerlo. Mi madre mandará el dinero para lo de la multa pero a pimera hora de la mañana. No estaba muy contenta de que lo hubiera despertado con tan 'buena' noticia. De hecho quiere tener unas palabras contigo apenas salgas de aquí”
“¿Por qué le llamaste? No tenías que...”
“No tenía conmigo el dinero para sacarte de aquí. A mí me hace igual gracia como a tí pero no tenía otra opción. Y no salgas con que Dom pudo hacerlo porque ambos sabemos que eso no es cierto. Se olvidaría de tí por una semana gracias a su prodigiosa memoria. Así que 'calladito te ves más bonito'
Gil ya no dijo nada. Los argumentos de su amiga habían terminado por vencerlo.
“Ve el lado positivo”, le susurró Tania, “tienes tiempo para terminar de narrar tu historia a tus 'nuevos amigos'. Y estoy aquí para corregir cualquier omisión que pudieras tener”.
“¡Que conveniente!”
“Yo siempre”, respondió la chica con una gran sonrisa en el rostro.
“Chico...”
Gil se giró, dándole la espalda a su amiga. Se recargó en los barrotes y se aprestó a continuar su historia.
“Aquí es donde comienza la diversión”, sentenció la chica.
“Bien... ella entró y...”

Durante un momento, un largo momento, se hizo un silencio incómodo que podía cortarse con un cuchillo, o en su defecto con un sable laser como pensó Dom por unos instantes. La chica estaba visiblemente ¿avergonzada?. Quizá avergonzada no era la palabra si no más bien cohibida por lo que había visto y no alcanzaba a comprender. Gil sí estaba avergonzado de que lo hubieran encontrado en tan ¿penosa? situación. Hasta ese día nunca se había apenado por mostar sus aficiones y preferencias. Prueba de ello era que quienes les conocíain, a él y Dom, los tenían en el concepto de... 'faltos de madurez' por decirlo con elegantes palabras. Concepción que nunca les había importado pero ahora...
“Tengo un mal presentimiento acerca de esto”, pensó Gil
Y Dom... pasado el momento en que había pensado que preferiría un sable laser a un cuchillo para cortar aquel silencio incómodo, su estómago le recordaba que había necesidades más apremiantes. Durante todo este interludio pleno de incomodidad, el cliente había optado por retirarse de aquel lugar del que creía y estaba convencido, era atentido por un par de locos. El silencio se hubiera eternizado de no ser por el grito que le rompió que vino acompañado por el ruido de la puerta que se abría.
“¡¿Qué están haciendo, par de tarados?!”
Una chica rolliza pero sin caer en niveles obscenos apareció. Les dirigió una mirada que lo decía todo. Caminó rápidamente y sin detenerse al pasar por donde estaba Gil le alcanzó a susurrar, “Arregla esto”. Al llegar a Dom, sin preocuparse por ser discreta lo tomó por la oreja y lo arrastró hasta la pequeña cocineta del negocio. Las puertas se cerraron tras ellos.
“¿Se puede saber que te pasa por la cabeza?”
“¿A qué te refieres?”
“Había dos clientes, y por sus juegos, ahora solo permanece uno. La cual creo que está en alguna especie de shock porque no muestra reacción alguna. Al menos no aparte del azoro que tiene dibujado en el rostro. Habíamos acordado no hacer más esos juegos”.
“No me arrepiento de quien soy, Tania”, dijo Dom con claro orgullo y elegancia.
“Eres un idiota”, y tomó un guante para tomar las cosas calientes que estaba cerca y golpeó con ella al joven. “Ahora me explico porque tu mentado gato japonés no ha llegado”.
Al decir esto el rostro de Dom se ensombreció como si se hubieran atrevido a faltarle el respeto a algo muy sagrado para él.
“No te atrevas, mujer”
“Mariko no te envió nada porque simplemente se dio cuenta que eres un tarado”
“Mujer, estás jugando con fuerzas más allá de tu ken”
“¿Ah, sí?”, entonces Tania tomó unos cuchillos que también estaban cerca, cuyo filo era prácticamente inexistente, y se colocó tres de ellos entre los dedos de su mano derecha.
“Alégrame el día”
“Cierren los ojos caballeros. Esto va a doler”, y él tomó la pala con la que se servían para sacar la panadería del horno.
En eso se abrieron por segunda vez las puertas de la cocineta y apareció en el umbral Gil que venía sonriendo de peculiar manera... alegre. Se dirigió hacia al par de jóvenes, y les echó el brazo a cada uno al tiempo que los acercaba para sí.
“Señor Spock,...”, refiriéndose a la chica. “... Doctor McCoy, fijen curso”
El par de jóvenes lo veían sin comprender lo que estaba sucediendo. Tania se atrevió a romper la duda.
“¿Curso? ¿de qué hablas?”
“La segunda estrella a la derecha... y directo hasta el amanecer”
Tania y Dom se miraron sin entender por segunda vez que estaba sucediendo.
“¿No es una línea de Peter Pan?”
“No. Creo que es de 'Viaje a las Estrellas VI: La tierra desconocida'”
Gil los soltó y apoyó las manos en la vieja mesa frente a él, donde preparaban la mayoría de los alimentos que se servían en aquel lugar. Permaneció con la mirada perdida, y sin decir palabra alguna.
“¿Gil...?”, mientras una mano femenina se posaba en su hombro.
“Estoy bien, Tania...”, mientras sostenía con su otra mano la de su amiga, no permitiéndo que la retirara de aquel lugar. Miró a su amigos y sin prisa, lentamente dijo las palabras que cambiarían la dinámica que hasta entonces los había acompañado durante ese tiempo.
“Estoy bien. Como nunca me había sentido en años”.

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