Capítulo 2

La reina musa(raña) anda tremenda estos días, y he podido lograr el capítulo 2 de esta nueva idea. Espero que les guste y esta vez, si la tecnología lo permite, puedan "postear" sus comentarios. Los cuales, ya saben, pueden ser buenos, malos o como gusten. Se acepta todo tipo de críticas. Asimismo, les pido una disculpa por la referencia a la historieta que se hace en este capítulo. Estoy verificando el dato de numeración correcto. Gracias.

2
Take my breath away


El reloj indicaba la hora del almuerzo, esa pequeña ingesta de comida que hacía posible el llegar al final del día con lo justo necesario para llegar al hogar y descansar para iniciar nuevamente al día siguiente. El lugar se encontraba a su máxima capacidad y en la larga cola que se hacía frente al mostrador se dibujaban uno tras otros multitud de trajes en colores sobrios que no hacían más que destacar el carácter laboral de todos los presentes. Pero si la formalidad de la vestimenta mandaba el mensaje correcto no sucedía lo mismo con quienes los portaban. Un incesante cuchicheo lleno de carcajadas, risas, chismes o comentarios deportivos aderezados con una que otra palabra de no muy procedencia llenaban el lugar. Sin embargo todo aquella alahraca burocrática no era suficiente para mantener la impaciencia de misma índole con un perfil bajo. Impaciencia que era más manifiesta en los rostros de quienes se encontraban cerca de la caja registradora.
Gil miró detrás de sí, por séptima vez el reloj sobre el estante. Los brazos de la figura de Spider-Man que acompañaban el mecanismo le recordaron que Domingo estaba retrasado. Aunque retrasado no era la palabra correcta sino RETRASADO. ¿Qué podía haber detenido a su amigo de llegar a tiempo a su trabajo? Aunque le conocía de un par de años atrás, tiempo que retrocedía a sus años universitarios, Gil no había terminado por acostumbrarse a las excentridades de su amigo. Su mejor amigo. Juntos había emprendido aquel pequeño negocio, aunque el apoyo de Domingo se había visto reducido a un rol meritoriamente moral que financiero o material. Habían logrado afianzar una buena reputación en aquellas ubicación y a los primeros e inciertos inicios las cosas se habían encauzado. El pequeño café les permitía una vida sencilla y que satisfacía cabalmente y de buena manera las aficiones que habían terminado por afianzar su amistad.
Por las paredes del lugar se veían carteles que retrataban figuras en poses heroicas o anatómicamente imposibles para un hombre normal. Héroes, superhéroes, mutantes, vigilantes, villanos, y cualquier criatura proveniente del imaginario fantástico de alguien tenía cabida en aquellos muros. Pero no solo aquellas áreas compartían el gusto de aquellos individuos. En cualquier espacio disponible donde se pudiera situar una repisa se encontraban infinidad de figuras de acción, estatuas, bustos. Algunas aun permanecían en sus empaques mientras otras eran testigos de tiempos mejores. Sobra decir que aquellos objetos habían provocado mas de dos tres discusiones con clientes que habían querido pasarse de listos. La parte detrás del mostrador no se quedaba atrás, y también era motivo de orgullo de aquel par: provenientes de la adaptación cinematográfica de de la historia de la lucha por el anillo único destacaban una espada y un báculo. A este singular par se sumaba un aparente sable laser, y era aparente porque mientras su empuñadura era totalmente real, el haz era de fibra de vidrio. No más letal que una almohada pero que hermosamente iluminaba su alrededor con su luz azul. Tan peculiar armería se hallaba rodeada por más bustos y figuras. La joya de la corona de aquel lugar estaba en lo alto de aquellos estantes: un brillante escudo roji-azul con una estrella blanca en su centro. Tan bien ubicado se encontraba que era lo primero en que se fijaba la vista apenas cruzaba alguien la puerta.
Gil miró por octava vez la hora. Apenas se volvió se encontró con el rostro impasible de una clienta. La queja surgió automáticamente de sus labios: “He esperado por veinte minutos a que me tomen mi orden”. Gil se disculpó de la manera más diplomática que pudo encontrar pero en el fondo sabía que era en vano. Si había un momento ideal para que Domingo hiciera su triunfal aparición ahora era el momento. Apenas había pensado en ella, el susodicho entró por el frente. Se abrió paso entre la muchedumbre y alcanzó la barra. No manifestaba ningún ápice de tener prisa o siquiera arrepentimiento por tan descarado retraso. Domingo no se dejaba llevar por lo que consideraba las bajas pasiones del mundo moderno. Tranquilamente tomó lugar cerca de la caja registradora, recargándose. “Espera a ver lo que conseguí”, pronunció como si todo el tiempo del mundo estuviera de su lado.
Gil levantó el dedo en señal de que aguardara un momento. Otro cliente había alcanzado su turno. “Realmente no es tan difícil. Lo único que tienes que hacer es servir café y preparar bocadillos”. Una frustración mal disimulada se dibujó en el rostro del joven propietario. Pasó por alto el comentario e intentó proseguir con el pedido pero su interlocutor no parecía dispuesto a dar el tema por sentado. “¿Acaso te parece un trabajo difícil? Porque a mí no”.
“Iron-Man #XX. El número en que Tony Stark descubre que tiene un problema con el alcohol. ¡Uy, un clasico! En perfectas condiciones”.
Gil lanzó una mirada a su amigo pero este no se dio por enterado.
“¿Cúanto tiempo ha pasado, Gil? ¿Tres... cinco... seis años? Y no puedo creer que aun sigas con lo mismo. ¿Acaso no te cansas de lo mismo? ¿de fracasar? Ve este lugar. Es la fantasía de alguien que se aferra al pasado”.
“Y sin embargo aquí estás”.
“Los pocos tenemos que ayudar a los demás a vivir”. Aventó unas monedas al frasco de las propinas. “Ten. Quizá te alcance para comprar una más para tu colección”. Dicho esto, el sujeto tomó su comprobante y se retiró a su lugar a esperar por su orden.
Gil no dijo nada. Cierta mortificación se dibujaba en su rostro. Decidió guardar silencio al tiempo que bajaba su mirada y proseguía con su trabajo. Domingo incapaz de saber como actuar o qué decir observaba a su amigo con profunda impotencia; mientras sostenía la revista entres sus manos.
“A mí me gustó la película”, pronunció una voz suave.
Gil levantó la vista y no palabra surgió de sus labios.

Watching every motion in my foolish lover's game. On this endless ocean finally lovers know no shame. Turning and returning to some secret place inside.

El ultimo cliente de la fila, que resultó ser ella, había sido la autora de aquella frase. Pero para el joven no le era una cliente como todas las que había atendido aquella mañana o incluso, todo el tiempo que tenía al frente de aquel lugar. Un hermoso par de ojos color miel lo observaba fijamente pero sin ser groseros, mientras un elegante par de finos de labios se entreabrían diciendo algo.
“A mí me gustó la película” volvió a pronunciar la chica pero esta vez señalando la revista que seguía en las manos de Domingo que cada vez atinaba menos a entender que era lo que estaba pasando aquella mañana. “¿Puedo?”, una mano que se adivinaba suave alcanzó la publicación. Sobre el mostrador la chica hojeó la revista. En determinado momento la chica hizo un pequeño movimiento con la cabeza, mientras echaba su cabello hacia atrás. Cabello de un castaño al que Gil no podía quitarle la vista de encima de cualquier movimiento que este hacía.

Watching in slow motion as you turn around and say...

Cuando la chica sonreía, su rostro se iluminaba de peculiar manera y sus ojos adquirían un cariz de igual índole. Si la sinceridad hubiera de plasmarse de manera alguna, seguramente sería como lo que estaba sucediendo en aquel momento. No había actuación alguna en su comportamiento. Su interés parecía genuino al igual que su goce.

Take my breath away. Take my breath away.

Disfrutaba el momento, y por alguna extraña razón eso hacía que el joven treintañero Gil no pudiera dejar de mirarla. No era la curiosa fascinación que aquel grupo de páginas peculiarmente trazadas y dibujadas había le había causado sino que sentía una extraña sensación, una especie de revoloteo en el estómago. ¿Amor a primera vista? O quizá algo del desayuno que le habría caído pesado a un estómago tan exigente como el suyo.
“Debo leerlo algún día”, dijo la chica dando por terminado el momento. Gil le entregó el cambio de su pago junto con su comprobante. Ella regresó donde se encontraban sus amigas. El joven no había podido quitar sus ojos de ella durante todo el momento, y cuando ella se retiró no fue la excepción. Domingo tampoco había roto el extraño mutismo en el que había caído. Miró a su amigo, quien tenía continuaba con la mirada extraviada, y terminó por refugiarse en la pequeña cocina del lugar. De todos modos alguien debía sacar todos los pedidos pendientes.

Watching I keep waiting
. Still anticipating love
. Never hesitating
. To become the fated ones
. Turning and returning
. To some secret place to hide
.
Watching in slow motion
. As you turn to me and say...


Gil se recargó en el mostrador y buscó no perder detalle de ninguna de las acciones de ella. Se recreó no una, ni dos sino muchas veces en cada uno de sus gestos como si buscara grabarlos en su mente para posteriormente reproducirlos.

Take my breath away


Se disculpó un momento y se retiró de la mesa pero uno de sus acompañentes indicó el reloj y de manera repentina tomaron sus cosas y salieron del lugar. Cuando ella regresó la última de sus compañeras salía del local. Apenas tomó sus pertenencias y ella también salió. Al hacerlo, corrió de una manera excesivamente femenina que hizo brincar el corazón de Gil.

Through the hourglass I saw you
. In time you slipped away
. When the mirror crashed I called you
. And turned to hear you say
. If only for today
. I am unafraid


Aunque él mismo desconocía la razón por la que había reaccionado así. No había pasado completamente la ventana de tamaño promedio que adornaba el frente del negocio cuando retrocedió un par de pasos y volteó a ver a Gil. Los dedos de su mano se agitaron en un gesto de despedida. Aquél como un autómata respondió el detalle.

Take my breath away

Lo último que vio fue su cabello ondular al aire.


Gil no había hablado mucho desde que aquella chica se había ido. La gran asistencia burocrática había terminado por retirarse y el lugar se hallaba desierto. Ambos chicos se encontraban con sendas escobas tratando de darle un poco de orden a aquel lugar despues del paso del huracán. Aquella escasez de palabras estaba desesperando a Domingo que no resistió más y decidió romper esa especie de voto de silencio autoimpuesto.
“¿Estás bien, amigo? No has dicho palabra alguna desde que aquella chica abandonó este lugar”.
“Lo sé. Y es extraño, ¿no es así?”
“No. De hecho nos gusta lo extraño. Convivimos con ello. Simplemente ve este lugar. Lo extraño es lo nuestro”.
Gil esbozó una sonrisa.
“No quiero verte así. Eres mi mejor amigo pero no quiero volver a verte pasar por lo mismo. El recordar verte ahí parado cuando... Disculpa, lo siento”.
“No te preocupes. Ha pasado tiempo desde que ella decidió abandonar el altar”
Domingo puso una mano en el hombro de su amigo.
“¿Esta chica...?”
“No sé pero ¿alguna vez has tenido el presentimiento de que encontrarte solo y de repente alguien aparece frente a tí y algo surge?”
“¿Algo así como el 'big bang'?”
“Sí”
“Amigo, creo que has leído demasiados comics y pasado demasiado tiempo con videojuegos”
Gil dio un empujón a su amigo, al tiempo que ambos reían.Pasado el momento hubo un momento de silencio.
“¿Cámara lenta?”
“Cada gesto”.
“¿Sabes?, creo que el recurso de la cámara lenta en este tipo de situaciones está sobresaturado. Creo que lo realmente se necesita es 'tiempo bala'.
“¿Tiempo bala?”
“Sí. Tu sabes, como en Matrix”
“Matrix... muy buena. Me quedo con la primera”.
“Punto. Las otras dos son únicamente un collage de escenas geniales”
“Así que 'tiempo bala', eh?
“Sí. 'Tiempo bala'”
Hubo otro momento de silencio que se vio roto cuando Domingo tomó la vajilla de una mesa cercana e imitó el movimiento al que se había referido. Gil continuó el juego e imitó que esquivaba los proyectiles imaginarios que su amigo le mandaba. El juego se prolongó por unos segundos. Pocos, aparentemente pero justo los necesarios para que un cliente entrara al lugar mientras ellos estaban distraidos. El recién llegado los miraba extrañado como si necesitara más del tiempo necesario el poder procesar a dos adultos jóvenes jugando como adolescentes. La vergüenza asomó a los rostros de los amigos quienes se disculparon balbuceantes. En eso Gil reparó en algo que se encontraba detrás de este nuevo cliente. Era otra figura, indudablemente humana... y femenina. La luz le alcanzó y ahí frente a él se encontraba la misma chica de hace apenas una horas. La misma que le había compartido su interés por aquella vieja revista.
“Mi amiga dejó su chaqueta y... No quise interrumpir”, mientras un ligero rubor comenzaba a incrementarse, a la vez que una risa nerviosa asomaba a sus labios.
Gil deseó que en ese momento una horda de orcos o quizá de alienígenas provenientes de algun otro mundo se presentará y terminará con la terrible vergüenza que sentía en aquel momento. Pero no, nada de ello pasó. Y pensó que eso nunca le pasaba a Superman a pesar del hecho de que siempre usaba los calzoncillos encima de la ropa. Lamentablemente, él no era Superman.

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1 Response to "Capítulo 2"

  1. Vicky says:
    March 17, 2010 at 10:50 PM

    xD me gustó lo de tiempo bala, Domingo tiene mucha razón, la cámara lenta está sobresaturada jajaja Esa cafetería es el sueño de todo geek, me encantó el reloj de spiderman y el brillante escudo roji-azul con una estrella blanca en su centro. De la parte romanticona no opino mucho, sabes que no es mi fuerte. Y del final: "que pena"
    PD: Como Superman, nadie

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