Chicas vs. Geeks
Pues bien, la madre musa(raña) ha sido benévola con este aspirante a escritor de comics y me ha permitido terminar en un tiempo record (para mis estándares) este primer capítulo de este nuevo comic. Espero que les agrade, y no olviden visitar mi otro comic. Bueno sin más preámbulos el primer capítulo de Chicas vs. Geeks.
1
Night Fever
“Gracias”
La puerta se cerró tras de sí. Durante unos segundos Gil permaneció en el lugar.
“Solo se puede hacer una cosa después de una noche como esta...” -murmuró para sí cuando apenas se había alejado un par de pasos-, “... caminar”.
Presionó el pequeño control que venía con su playera. Los primeros acordes surgieron de la pequeña bocina insertada en la prenda a la altura del pecho.
Listen to the ground/ there is movement all around/ There is something goin' down and I can feel it.
Gil comenzó a caminar de peculiar manera. Sus pasos en un abrir y cerrar de ojos empezaron a seguir el ritmo de la música. Primero uno, después el otro. Su calzado parecía tener vida propia y querer disfrutar del momento. Durante un instante le asaltó el pensamiento de que pudiera estar importunando a los vecinos de aquel rumbo pero así como llegó, así se fue. Los pocos transeúntes que se cruzaban en su camino no podía verle con una mezcla de divertimento, curiosidad y extrañeza. Y ni que decir de los conductores, quienes eran los más abundantes a esa hora de la noche. El semáforo se puso en verde interrumpiendo su avance pero justo en ese momento se descubrió bailando en lo esperaba que la luz le diera el paso. No sentía pena alguna, o vergüenza alguna. De hecho no sentía nada que no fuera una enorme excitación. La luz se puso en rojo y exactamente en ese momento Gil dio un giro en su lugar. Las luces de los vehículos le iluminaron mientras cruzaba las barras amarillas. Parecía una especie de estrella sobre el escenario bañada por los reflectores mientras por y de las ventanillas de los autos se asomaban los rostros de conductores y ocupantes que no daban crédito a lo que se mostraba ante sus ojos.
Here I am, prayin for this moment to last, livin' on the music so fine. Borne on the wind, makin' it mine.
Night fever, night fever. We know how to do it. Gimme that night fever, night fever. We know how to show it.
Gil continuó su camino ejecutando lo que no podía más que describirse como un colorido baile. En la tranquilidad parcial de aquel rumbo la pequeña bocina sonaba como si se tratara de muchas de ellas. Muchas de las cortinas se corrieron, así como ventanas se abrieron y al igual que con la situación de los automóviles, de ellas asomaron varios rostros que se encontraron con el pintoresco espectáculo de un hombre en sus treinta bailando como si de un adolescente se tratara. Y la verdad era que no lo hacía mal para tratarse de alguien que en su vida había conseguido hilar más de dos pasos sin sufrir una seria torcedura además de caer en el más absoluto de los ridículos. La única vez que había intentado establecer una relación con el baile había resbalado frente a toda la escuela preparatoria quedando tirado en la pista de baile improvisada. Pero ahora era diferente. Era como si sus pies supieran del buen humor que se encontraba y quisieran ser partícipes de ello. Así como darlo a conocer al mundo.
Pasado el primer azoro, se sumaron las primeras inquietudes sobre la conducta de tan curioso personaje. Y con ellas las primeras apuestas sobre la cantidad de alcohol u otras drogas de origen no legal que pudieran correr por su sangre. Suspicacias que tan rápidamente como habían surgido, habían sido desechadas con el argumento de que simplemente se trataba de una manifestación espontánea de felicidad. Pero la felicidad no tenía nada que ver para las otras voces que clamaban por la seguridad e integridad de su joven y femenina descendencia. Descendencia que vale la pena decir no estaba de acuerdo con lo expresado por sus progenitores y abarrotaba todo resquicio que les permitiera tener un vistazo de poco común bailarín. Las que más habían decidido pasar por alto los consejos, y según las propias convicciones de la arquitectura de sus viviendas, salían a los balcones con tal de tener mejor visión.
And that sweet city woman, she moves through the light, controlling my mind and my soul. When you reach out for me, Yeah and the feelin' is bright.
El colmo de aquella locura cuando las mujeres no suficientemente jóvenes pero convenientemente no viejas, se lamentaron el no poder estar cronológicamente a la altura del autor de tal demostración nocturna. Durante este tiempo el joven bailarín se había mantenido en la banqueta pero de repente y sin previo aviso tomó el centro de la calle. Sí, así es, los carriles de circulación.
Then I get night fever, night fever. We know how to do it. Gimme that night fever, night fever. We know how to show it.
Como si de una marioneta se tratara Gil comenzó a moverse con más cadencia y ritmo de la que había demostrado hasta el momento. Ejecutó una serie de pasos moviendo sus piernas a derecha y izquierda, al tiempo que sus brazos se levantaban una y otra vez. Sus pies iban, venían y se perdían en rápidos pasos. Sus manos se unían en una serie de aplausos sin otro propósito que un acompañamiento rítmico. Al igual que momentos antes prontamente se descubrió cantando para todas y cada uno de los espectadores que, sin recato o precaución alguna, llenaban los balcones como si de plateas se trataron.
Y ese fue el acabose. Varias palmas se unieron también acompañándolo en su ejecución sin preocuparse de si su indumentaria nocturna daba más espectáculo del que estaban presenciando.
Night fever, night fever. We know how to do it. Gimme that night fever, night fever. We know how to show it.
Night fever, night fever. We know how to do it. Gimme that night fever, night fever. We know how to show it.
Pero a Gil nada de eso le importaba. Para él no había nada allá afuera. Excepto él y... ¿la policía?. Al parecer no todos habían sido tan comprensivos con el improvisado bailarín y tomaron cartas en el asunto. Entre los celos de uno que otro marido o padre cascarrabias, y el inevitable tedio de las actividades dominicales la célebre ejecución de Gil había llegado a un abrupto fin. La luz de la torreta lo cegó por un instante pero no pudo pensar mucho en ello porque se vio interrumpido por la gruesa e impertinente voz del oficial a cargo.
“¿Se puede saber qué está haciendo, joven?”
“¿Caminar?”
“Eso no era caminar. Usted estaba bailando”
“Bueno... sí... pero... estoy de muy humor. Estoy contento...”
“Ah, así que muy 'feliz'”
“Sí... pero no ese tipo de felicidad que usted se imagina”
“Yo me imagino mucho, joven. Identificación”
“Verá...”
“¿Bebió alcohol? Porque huelo alcohol”
“Sí pero fue únicamente durante la cena. Fui comida italiana y no puedes tomar otra cosa que no sea vino y...”
“Pudo ordenar agua”.
Gil lo miró con incredulidad.
“He comido italiana. Ahora, las manos en el vehículo”.
Gil levantó las manos en un gesto de sorpresa.
“Pero...”
“No identificación. Ingestión de bebidas alcohólicas y quizá de algo más”.
“¡Hey!”
“Joven, estaba bailando en la vía pública”.
“Puedo explicar eso. Verá tuve una cita con la chica que me gusta. Y no cualquier cita, 'la primera cita'. ¿Ya puede entender por qué estoy de buen humor?”
“¿Qué edad tiene?”
“¿Yo?... treinta años.
“¿Y eso que trae puesto?”
“Esto... una playera con una bocina integrada. Genial, ¿no?”
“¿Tiene usted treinta años, usa una playera con una bocina cosida, y acaba de tener su primera cita?”
“Exactamente no la primera pero...”
“¡Suba a la camioneta!”
Apenas subió, Gil se vio esposado a un tubo central que atravesaba.
“Oficial, le aseguro que 'estoy en mis sentidos'. Es simplemente una dosis de buen humor por haber estado con la chica ideal. Oficial...”
Pero el oficial hizo caso omiso de las palabras. Resignado, Gil se recargó, como pudo, en la ventanilla que daba vista a la cabina, y tristemente murmuró para sus adentros.
“Llevaba mallas”
El oficial que sí le había alcanzado a escuchar replicó molesto
“Pervertido”.
La puerta de la celda se cerró con estruendo aunque no hubiera necesidad de aplicar una considerable cantidad de fuerza en ello. Era una puerta que gustaba del escándalo. Gil permaneció unos minutos de pie sin decidir a donde dirigirse. Apretó entre sus dedos el control de su playera y presto se dirigió a un lugar sin ocupar en una de las largas bancas junto al muro. Podía sentir las miradas de todos los inquilinos del lugar. Hubiera jurado que era su imaginación pero no, no lo era. Realmente todos los presentes habían puesto sus ojos en él desde el momento que entró a la celda. Apenas se había dejado caer en el espacio cuando fue interpelado por uno de aquellos hombres.
“¿Qué es eso, eh?”
Gil no contestó. O al menos eso quiso hacerle creer al hombre.
“Oh,... venía con la playera. Ya sabe... moda.
“Parece una bocina”.
“Bueno... sí, es una bocina. Ya no saben que inventar estos días”
“¿Y suena? Hazla sonar”.
La ¿conversación? Había terminado por atraer a varios de los presentes y ahora Gil como su interlocutor se hallaban rodeados.
“Anda, toca algo”, volvió a exigir el hombre.
Sin mucha decisión (y alternativa) Gil presionó uno de los botones del control y un sonido imitando la burla que hace una lengua entre los dientes brotó de la pequeña bocina. Los hombres estallaron en carcajadas. “¡Prrrttt!”, volvió a escucharse y el resultado fue el mismo. Otro botón fue oprimido y esta vez se escuchó el sonido de un timbre de desaprobación. Nuevamente se escuchó una carcajada multitudinaria. El hombre que había empezado todo aquello se había relajado y se mostraba sumamente interesado.
“Dime, ¿únicamente toca esos sonidos? O ¿puede tocar musica?”
Claro que podía. ¿O no era lo que le había metido en aquel lugar? Escogió con sumo cuidado la pieza que habría de elegir, y se inclinó por 'Für Elise', de Beethoven. La razón de la existencia de tan curiosa pieza en la playera con bocina integrada de un adulto joven de 30 años que acaba de tener su primera cita con la chica de sus sueños era que no había podido removerla del pequeño reproductor integrado. Y no es que no hubiera podido sino que le había postergando, y los días se habían acumulado dando como resultado que nunca llegara el día en que Elise abandonara la playera. La majestuosa pieza terminó por relajar el ambiente en la celda, y provocó que no pocos se les nublara la mirada. Y quizá uno terminó por derramar una lágrima.
El sujeto terminó por tomar lugar junto a Gil, y de una bolsa raída del interior de su vieja chamarra sacó una pequeña botella, la cual destapó y ofreció al joven su contenido. Este sin dudarlo rechazó tan 'generosa' oferta.
“Tengo el estómago revuelto”, replicó
El hombre pareció no ofenderse y pegó un sorbo grande a la botella. No había duda que se trataba de alcohol pero aquel sujeto parecía tener mucha resistencia.
“¿Sabes?, esa playera sería de mucha ayuda si quisieras salir con una 'chiquita. Podrías ponerle su canción favorita o todas las canciones que le gustaran. Tu mismo le puedes llevar serenata”.
“Sí”, replicó Gil con cierta tristeza reflejada en su rostro. “Por eso es que estoy aquí”
“¿Eh? No entiendo, compañero”
“Esta noche salí con la mujer perfecta. O al menos para mí lo es. Linda, graciosa, con gran sentido del humor. Físicamente... indescriptible. ¡Claro!, habrá quienes digan que exagero y que ella no es más mujer promedio que cualquier mujer promedio pero para mí, ella es una muñeca. Pero no cualquier muñeca, ¿sabes? Si no una de esas muñecas de porcelana que las abuelas suelen tener en la sala de su casa.
“Mi abuela tenía una de ellas”, exclamó un hombre entre la multitud al tiempo que se sorbía la nariz con la mano.
“Ella es un diez en toda la extensión del número. ¿Qué más podría pedir un sujeto como yo? Porque aceptémoslo, no soy la primera opción de cualquier mujer...”
“Eso sí”, confirmaron varios presentes mientras otros asentaban con la cabeza.
“... pero ella aun así salió conmigo”.
“Fue como cuando Peter Parker conoció a Mary Jane en Amazing Spider-Man #42. Admítelo Gil, te sacaste la lotería. Pero ni siquiera pude disfrutarlo porque me arrestaron por bailar en la vía pública pero no tenia nada de malo. ¿No es cierto? Estaba feliz. Ustedes lo hubieran hecho, ¿no es así?”
“Bueno... quizá no bailar pero sí echarnos un 'traguito' por ella”, respondió una voz. “¿No es así, muchachos?”. Varias voces y cabezas confirmaron la propuesta.
“Pero dime, ¿en verdad es tan especial esa chica?”
“¿Alguna vez has sentido que estás destinado a que se burlen de tus sentimientos, y que lo único que te queda es esperar a que llegue esa persona de la que también se han burlado y descubran juntos que son almas gemelas?”
“No es la primera vez que estamos aquí, chico. Hemos sentido muchas cosas”
“Bueno, pues así me sentía hasta la primera vez que la conocí. Es una historia larga pero sin mucho interés para los demás...”
“¡Hey, tenemos tiempo de sobra. Y estando aquí aprendes a desarrollar interés por aquello considerado insignificante. Además, quizá podamos ayudarte”
La incredulidad se dibujó en el rostro de Gil
“Seremos viciosos y quizá haya algunos pervertidos entre nosotros chico pero también tenemos corazón y hubo mujeres en nuestras vidas...”
“A mí me gustaba mi prima”, replicó uno de los hombres del fondo.
“... así que tenemos experiencia”.
“No se qué decir. Si quieren escuchar...”
Los hombres se sentaron en el suelo y guardaron silencio mirando expectantes al joven. Gil ante tan pintoresco auditorio se hallaba entre sorprendido e intimidado pero se sobrepuso a su reacción inicial y echando el brazo a su compañero de junto inició su relato.
“Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana...”







March 15, 2010 at 12:46 AM
Me encantó!!! >_< Las imágenes pasaron frente a mí, como si fuera peli. Sabes que me encantan los músicales y las historias cómicas y el final estuvo geek “Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana...” Espero con ansias leer el cap. 2 Suerte